Su origen se remonta a las antiguas civilizaciones mesoamericanas, como los mayas y aztecas, quienes lo apreciaban no solo como sustento, sino también como modo de pago y situación social.
Se obtiene a partir de los granos de cacao que se fermentan, secan, tuestan y muelen.
En cuanto a sus propiedades, el cacao en polvo es rico en flavonoides, compuestos antioxidantes que pueden contribuir a la salud cardiovascular, mejorar la circulación y reducir la inflamación. Además, contiene minerales como magnesio, hierro, potasio y zinc, que son esenciales para diversas funciones corporales. También posee compuestos que pueden mejorar el estado de ánimo, como la feniletilamina y la serotonina, aunque en cantidades variables (Scholey et al., 2010).
Es importante destacar que existen diferentes tipos de cacao en polvo: el natural y el procesado con alcalinizantes (Dutch-processed). El natural es más ácido y conserva más flavonoides, mientras que el Dutch-processed es más suave y menos ácido, pero puede tener menor contenido de antioxidantes (Liu et al., 2014).